
Por Carlos Sanchez Lafuerza
Es interesante notar que en la diversidad pentecostal, existe el credobautismo (bautismo de creyentes). Nuestro querido hermano Carlos Sánchez Lafuerza nos comparte este estudio bíblico del Pacto Bautista que expone una base para el credobautismo practicado por iglesias bautistas, varias iglesias pentecostales (Asambleas de Dios, Iglesia de Dios, Cuadrangular, etc). Si bien es cierto, no todas comparten el fondo de la Teología del Pacto Bautista, este estudio es una buena base para entender la práctica del bautismo de creyentes por inmersión.
Una vez conversando con un hermano respecto a las diferencias entre las denominaciones salió el tema del bautismo. Para él fue una sorpresa enterarse de que hay hermanos protestantes que bautizan a sus hijos siendo bebés. “¿Así como los católicos?” fue su expresión con un tono de desagrado.
Entre mis filas bautistas a veces tampoco tenemos buenas respuestas al tema. Tristemente me he llevado la sorpresa de que he preguntado, ¿Porqué bautizamos creyentes y no bebés?, y muchos no han sabido más que articular la vieja confiable: “porque no sale en la Biblia.” Frente a eso es poco lo que se puede dialogar, incluso cuando haces notar prácticas ancestrales denominacionales que no están en la Biblia tampoco.
Entre mis andanzas hace tiempo atrás, empecé a conocer hermanos por la gracia del Señor, que entre sus aventuras teológicas se encontraron con la teología del pacto bautista, es decir, una estructura de teología bíblica que hacía una análisis más profundo de las convicciones de los cristianos que empezaron a discutir el tema del bautismo aproximadamente 100 años después de la Reforma luterana.
En el contexto de las disputas teológicas en Inglaterra y parte del continente (en los Países Bajos), salieron grupos disidentes que decidieron no bautizar a sus hijos pequeños con la convicción de que no era apoyado por las Escrituras pero algunos desarrollaron una teología bíblica del tema, es decir, que hay un rastro teológico que sigue el desarrollo del relato bíblico.
Ésto significaba un problema en varias áreas, principalmente la eclesiológica, es decir, quienes componen la Iglesia, y la social, al bautizarte eras parte de los registros del país, así que si que traía problemas el no bautizar a tus hijos.
Para no dar más vueltas y al final del artículo voy a dar bibliografía para ahondar el tema, ellos llegaron a la conclusión de que los que pertenecen a la Iglesia son los nacidos de nuevo, que dan evidencia de una vida transformada, se han arrepentido y por lo tanto son bautizados. No es que rechacen a sus hijos como impíos, sino que son su primer campo de evangelización y tienen privilegios al nacer en un entorno cristiano.
Es por eso que desarrollaron una teología pactual pero con un análisis que difería del paidobautista y en esencia podría resumirlo de la siguiente manera: el pueblo de Dios se encuentra presente en toda la historia, desde Adán hasta la última persona que el Señor quiera llamar. En el Antiguo Testamento, se encuentra entre un pueblo mezclado, o como dice Pablo en Romanos 9:6 “…no todos los que descienden de Israel son israelitas.” En la promesa del Nuevo Pacto se promete un nuevo corazón (ver Ezequiel 11.19; 36.26) entonces aunque la señal de pertenecer al Pueblo de Dios en el Antiguo Testamento era la circuncisión, en sí no era el motivo de salvación para los escogidos del mismo, sino que como testifican los libros de Romanos y Hebreos, siempre fue y será por la fe. Entonces el paralelo de la teología del pacto credobautista (bautismo de creyentes confesantes) no es circuncisión y bautismo, sino circuncisión y circuncisión del corazón, y por lo tanto se bautiza. No como una señal para esperar la salvación o confirmación de la misma sino como una señal de haber nacido de nuevo, una señal de ser sepultados y nacidos de nuevo (ver Romanos 6.4).
Vamos por parte con un poco más de detalles ya que es probable que el resumen traiga más dudas que respuestas o que sea un tema nuevo para el lector. De hecho, tristemente muchos bautistas en la actualidad son totalmente ajenos a este análisis del tema y lo consideran como parte del análisis de los presbiterianos.
En la postura credobautista se hace el siguiente progreso bíblico, que por razones obvias resumiré y omitiré poner todos los versículos de respaldo. Espero me perdonen o me pueden escribir directamente si quieren saber más.
Incluí una imagen que aunque está en inglés resulta de ayuda para seguir los temas.
Primero, el Pacto Eterno, entre la Trinidad, donde se planeó la salvación de los creyentes. El Padre elige, el Hijo da Su vida por ellos y el Espíritu Santo aplica la salvación, los santifica y mantiene hasta el final (ver Heb.13.20; 1 Pe.1.2; Isa. 42.1-7).
Luego viene el Pacto con Adán, el cual tenía una condición irreparable, si comían del fruto morían, sin remedio, no se puede devolver o restaurar éste pacto (ver Génesis 2 y 3) pero se hace de inmediato la promesa de salvación o la presentación del Pacto de Gracia: que la simiente de la mujer aplastaría la cabeza de la serpiente (ver Génesis 3.16) siendo merecedores de la muerte, el Señor dio gracia, y a costa de la simiente de la mujer.
Aquí hay un detalle de importancia, el Pacto de Gracia es prometido, actúa en todo el Antiguo Testamento pero no tiene su cumplimiento sino en el Nuevo Testamento que en rigor es el Nuevo Pacto. Cada persona que alguna vez fue salvada en cualquier pacto fue salvada a través de la fe por razón de Jesucristo. Esa fe tiene referencia específica a Su obra de redención. La redención realizada por Cristo se llevó a cabo en Su obra como Mediador del Nuevo Pacto. Por lo tanto, el Nuevo Pacto es el Pacto de Gracia. Todos los pactos del Antiguo Testamento tienen referencia y relación con el Pacto de Gracia. Son preparatorios y subordinados al mismo.
Los santos del AT no podían decir “creo que Jesús de Nazareth es el Mesías prometido” o algo similar pero fueron salvos por causa del Nuevo Pacto por la fe en el Señor dentro del Pacto donde estaban temporalmente.
El Pacto con Noé es un pacto para restaurar y estabilizar la creación luego de la Caída y todas sus consecuencias, es un pacto con la Creación como un todo, de mantenerla para que los humanos puedan vivir y llegar a conocer al Mesías (ver Gen. 6. y Gen. 9).
Aquí viene un punto de suma importancia para el análisis credobautista: el pacto con Abraham.
Desde la perspectiva credobautista éste pacto tiene dos caras; uno natural y otro espiritual. Es un solo pacto, no dos, pero tiene ese aspecto crucial de además abarcar todos los pactos siguientes que constituyen el Antiguo Pacto, es decir: Abraham, Moisés y David.
El Pacto Abrahámico incluye promesas de pueblo, territorio y reyes, además de que sería de bendición a todas las familias de la tierra (ver Gen.12.1-3, 7-9; 17.1-8, 15-16).
Hay textos claves que nos muestran la particularidad del pacto con Abraham, por ejemplo:
Gálatas 3:8 Y la Escritura, previendo que Dios justificaría a los gentiles por la fe, anunció de antemano el Evangelio a Abraham, diciendo: «En ti serán benditas todas las naciones.» Génesis 22:18 En tu descendencia serán benditas todas las naciones de la tierra,
Pablo interpreta que descendencia o simiente es singular y no plural (ver Gál.3.16), a pesar que los hijos de Abraham serían como la arena del mar o las estrellas del cielo (ver Gen.22.17), interesante que mira la tierra y el cielo, los que son de la tierra, los que nacen de lo alto…
Luego en Romanos 4:16-17 se nos dice: Por eso es por fe, para que esté de acuerdo con la gracia, a fin de que la promesa sea firme para toda la posteridad, no solo a los que son de la ley, sino también a los que son de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros (como está escrito: TE HE HECHO PADRE DE MUCHAS NACIONES), delante de aquel en quien creyó, es decir Dios, que da vida a los muertos y llama a las cosas que no son, como si fueran.
La parte destacada es para hacer notar ésta realidad doble: un pueblo que iba a ser regulado por el pacto Mosaico y gobernado por el pacto Davídico y que existía (en el sentido de salvación tanto en lo natural como en lo sobrenatural) por la fe.
Éste pacto es revelado progresivamente: Iniciado en Gen 12, confirmado Gen 15 y asegurado en Gn 17. Las sanciones y la señal llegan mucho después de que se iniciara el pacto. Promesa de naciones y tribus seguida de la promesa de realeza. Dios no sólo crearía una nación a partir de la descendencia de Abraham, sino que la nación sería gobernada por sus propios reyes.
Un detalle respecto a la circuncisión: los bebés son considerados miembros del pacto y a los que se les da el signo del pacto, pero ésto no es por haber nacido de padres creyentes, sino por su relación con Abraham, cabeza federal del pacto.
La sanción por no circuncidarse era fatal, no podías ser del pueblo, así de simple, no importaba si tus padres eran creyentes o no, tenían que hacer el proceso, de hecho la fe ni es nombrada. Me refiero a que por el hecho de ser descendiente de Abraham tenías que estar circuncidado tu y tus hijos, sólo por eso, y no porque tuvieras fe.
Un autor bautista indica lo siguiente:
“La aparente tensión entre las promesas garantizadas de Dios y las amenazas de expulsión del reino por desobediencia se resuelve en que, aunque las promesas estaban garantizadas a nivel nacional, no lo estaban individualmente. Dios cumplió sus promesas. Los descendientes de Abraham se multiplicaron. Heredaron Canaán. Nació la simiente prometida. Pero no todos los israelitas disfrutaron de todos los beneficios de las bendiciones de Dios. No cumplieron sus compromisos. Las promesas estaban garantizadas nacionalmente, pero no individualmente. La generación del desierto y Moisés son buenos ejemplos de esto. La generación del desierto no entró en Canaán debido a su incredulidad en su primera parada. Moisés no entró en la tierra prometida porque desobedeció la orden de Dios de hablar a la roca y la golpeó en su lugar. Sin embargo, Dios cumplió sus promesas a Israel de forma colectiva y nacional, aunque algunos individuos se apartaron del pacto por infidelidad. La Biblia misma declara que Dios cumplió sus deberes y obligaciones por completo.
El Pacto Abrahámico incluye compromisos sancionados tanto para Dios como para la descendencia de Abraham. Ambas partes deben cumplir sus compromisos, y las sanciones garantizan su participación. Pero, desde la perspectiva del hombre, el principio que rige el disfrute de las bendiciones del pacto es la obediencia a un mandato positivo.
Dios no dejará de cumplir sus promesas, pero los israelitas no deben dejar de perseverar. En consecuencia, este pacto puede clasificarse como un pacto basado en las obras, o en la obediencia. Dios mantuvo todas sus promesas y cumplió todos sus compromisos. El pacto se realizó en su totalidad. Pero toda la falta de disfrute y cumplimiento provenía de la infidelidad del pueblo del pacto a su Dios del pacto.”
Este pacto promete proveer uno que bendecirá al mundo. Las Escrituras revelan que la bendición para el mundo es el Nuevo Pacto. Los beneficios de la vida, muerte y resurrección salvíficas de Jesucristo se ponen a disposición de todo el mundo a través del Nuevo Pacto. Así, desde su inicio, el pacto abrahámico no sólo anticipa el Nuevo Pacto, sino que lo lleva en sí mismo. El Antiguo Pacto está preñado del Nuevo Pacto. Promete el Nuevo Pacto porque promete que el Mediador del Nuevo Pacto nacerá de entre ellos. El pacto abrahámico proporciona a Cristo. Cristo proporciona el Nuevo Pacto.
El propósito del pacto Abrahámico es traer a la existencia el Nuevo Pacto al traer a la existencia a su fundador, cabeza y mediador. (Sam Renihan)
El Pacto con Moisés es el pacto que regula el pueblo de Abraham. Es por eso que es común encontrar versículos en todo el Antiguo Testamento que dicen “…por amor a mi siervo Abraham” o “por amor a Abraham, Isaac y Jacob” o similares. Sin embargo, la cabeza federal del Antiguo Pacto, que abarca los pactos de Abraham, de Moisés y el de David, es David. ¿Cómo sabemos eso? Por las consecuencias de sus acciones sobre el pueblo, pero lo veremos después. Moisés es el mediador.
Las Escrituras declaran que Israel es un pueblo duro de cerviz, es decir, porfiado y desobediente (ver Ex. 32.9) y que la ley es un pesado yugo (ver Hch. 15.10), con castigos severos (ver Heb. 2.2; 10.28).
Desde la perspectiva paidobautista se considera que desde la Caída y la promesa de la simiente de la mujer aparece o se ejecuta el Pacto de Gracia, pero bajo dos administraciones: una en el AT y otra en el NT pero que en esencia son el mismo Pacto. Desde la perspectiva credobautista el Pacto de Gracia está prometido en el AT pero cumplido sólo en el NT debido a que los Pactos de la Promesa tienen su cumplimiento en base a las obras del pueblo. Claramente todos los pactos tienen la gracia como base, nadie merece ser bendecido, rescatado de la esclavitud, ser protegido de enemigos en base a su obediencia porque no existe ninguno que pueda cumplir la ley, pero el pacto con Moisés es imposible que sea el pacto de gracia con todas sus regulaciones (ver Lev. 18.5; Deut. 27.26). Ahí una gran diferencia en el análisis pactual.
Pasemos ahora al Pacto Davídico. El tema de los reyes y el Templo, ya estaba considerado en Deuteronomio 12.8-12 donde promete un lugar centralizado para el culto, como lo que luego anheló David.
Su establecimiento se declara en 2 Samuel 7:8-17, declarando que el Reino del hijo de David será eterno, haciendo imposible que sea Salomón que es una sombra del Mesías, al igual que David, de otra manera tendrían que haber vivido eternamente y el Templo nunca ser destruido, es decir, que incluso todo eso era sólo un pequeño reflejo de lo eterno a pesar de toda la gloria de sus servicios.
El tema del Pacto davídico es la cabeza del pacto con Abraham, es decir, como es el rey sucede con el reino y sus súbditos (ver 1 Re. 9.4-9)
Israel entra en la tierra prometida a Abraham, pero desobedecieron la ley dictada por Moisés. Y como resultado, fueron afligidos y oprimidos. No había rey en Israel. No había obediencia en Israel. La ley fue desatendida, y el pueblo sufrió. Lo que Israel necesitaba era que alguien guardara la ley de Moisés para la nación, trayendo bendición y liberación a todos los hijos de Abraham. Por eso era necesario un rey perfecto que estaba por venir y que se le había prometido a David.
Ahora veremos el Nuevo Pacto o el Pacto de Redención, intemporal, intratrinitario aplicado en el tiempo.
La Confesión Bautista de 1689, capítulo 7, párrafo 3, arraiga el pacto de gracia en el pacto pretemporal de la redención. El resto del párrafo 3 expresa así este entendimiento:
“Este pacto es revelado en el evangelio; en primer lugar, a Adán en la promesa de salvación por medio de la simiente de la mujer (Gén. 3:15), y después, mediante pasos adicionales hasta completarse su plena revelación en el Nuevo Testamento (Heb. 1:1); y tiene su fundamento en aquella transacción del Pacto Eterno que hubo entre el Padre y el Hijo acerca de la redención de los elegidos (2 Tim. 1:9; Tit. 1:2); y solo por la gracia de este pacto es que todos los que en cualquier tiempo han sido salvos de entre la posteridad del Adán caído han obtenido vida y una bendita inmortalidad, siendo el hombre ahora totalmente incapaz de hacerse aceptable para Dios bajo aquellas condiciones en las que estuvo Adán en su estado de inocencia (Heb. 11:6, 13; Rom. 4:1, 2; Hch. 4:12; Jua. 8:56).”
Desde la eternidad, el plan de redención existía en Dios. Este plan implica la encarnación del Hijo para redimir a la posteridad caída que le fue dada y llevarla a la vida eterna (2 Timoteo 1:9-10). Este pacto de redención se revela en la Escritura a través de la doctrina de la elección (Efesios 1:3-5). También se revela por la misión que Cristo recibió de su Padre (Juan 6: 38-39; 1 Pedro 1:20).
Si definimos el plan de redención en términos de un pacto, es necesario establecer cuáles eran los términos de ese pacto. El Hijo debía venir al mundo tomando una naturaleza humana como un hombre bajo la ley (Filipenses 2:7; Gálatas 4:4). Él debía vivir una vida sin pecado y obedecer perfectamente la voluntad de Dios expresada en la ley moral y guardar lo que el Padre pidiera además de la ley (Mateo 5:17, 26:42, Juan 8:29). Él tuvo que convertirse en el sacrificio representante de todos los elegidos para sufrir la maldición de la ley muriendo en su lugar en la cruz (Gálatas 3:13, Filipenses 2: 8 y Hebreos 2:14-17). A cambio, el Padre iba a darle vida al resucitarlo de los muertos, sentándolo a su derecha, dándole un pueblo que le sirviera y le heredaría la vida eterna (Hechos 2:24, Filipenses 2:9 -11, Tito 2:14). Este fue el eterno pacto de redención entre el Padre y el Hijo.
La Escritura nos dice que este plan divino llegó sólo «cuando llegó la plenitud del tiempo» (Gálatas 4: 4). Por esto debemos entender que no sólo el tiempo antes de la encarnación puso en marcha lo que era necesario para que el Hijo ejecutara la redención, sino que también proporcionó el marco de referencia necesario para entender esta redención. ¿Cómo podríamos entender el pacto de obras que el Hijo tuvo que cumplir sin que el Antiguo Pacto revelara su significado y entender lo que Adán había transgredido? ¿Cómo podríamos captar la muerte expiatoria de Cristo sin el sistema sacrificial del Antiguo Testamento para revelarlo? ¿Cómo podríamos contemplar nuestra redención eterna sin su prefiguración en la historia de la redención? Todo esto era «una mera sombra de lo que está por venir; Pero la sustancia es de Cristo «(Colosenses 2:17). El Antiguo Testamento reveló a Jesucristo y a su obra (Juan 5:39) de tal manera que podemos contemplar la amplitud y longitud del amor de Dios revelado en Cristo una vez que se cumplió el pacto (Efesios 3: 1-21).
Así como nosotros entendemos a Adán a la luz de «Aquel que había de venir» (Romanos 5:14), entendemos todas las Escrituras del Antiguo Testamento a la luz de su realización en Cristo (Lucas 24:27). El pacto de redención realizado por Jesús nos ayuda a entender el Antiguo Testamento que nos muestra, a cambio, la gloria divina que brilla en el Nuevo Pacto desde Génesis hasta Apocalipsis (2 Corintios 3:14-18). El Nuevo Pacto es la manifestación concreta de las realidades celestiales en el mundo visible. Sólo por este pacto (Nuevo Pacto) se da la herencia eterna (pacto eterno de redención / pacto de gracia) (Hebreos 9:15).
La confesión de 1689 termina esta sección afirmando que «es solo por la gracia de este pacto que toda la posteridad del Adán caído que alguna vez fue salvada obtuvo vida y bendita inmortalidad». Así, de todos los tiempos, todos los que fueron salvos, fueron salvos por la gracia ofrecida en el Nuevo Pacto en Jesucristo. Antes de que fuera establecida en la forma de un pacto sellado en la sangre (Hebreos 13:20) fue revelado por una promesa garantizada por el juramento de Dios (Hebreos 6:17). Este pacto de gracia revelado y concluido en la historia se basa en el pacto eterno entre el Padre y el Hijo para la redención de los elegidos. Es la fuente exclusiva de la salvación según lo que la Escritura declara expresamente: «no hay salvación en nadie más; Porque no hay otro nombre bajo el cielo que haya sido dado entre los hombres, por el cual debamos ser salvos «(Hechos 4:12).
Espero que hayas podido entender en parte ésta forma de teología pactual credobautista que en esencia dice que el Pacto de Gracia está prometido en el Antiguo Testamento y efectuado o cumplido en el Nuevo Testamento, siendo en esencia el Pacto de Gracia. Es por eso que los creyentes al nacer de nuevo y obtener un nuevo corazón son invitados a ser bautizados dando un testimonio externo de algo que sucedió en ellos en forma interna.
Bibliografía recomendada:
https://legadobautistaconfesional.com/libros/teologia-biblica-bautista-reformada
https://legadobautistaconfesional.com/libros/el-bautismo-en-la-iglesia-primitiva
https://legadobautistaconfesional.com/libros/del-paidobautismo-al-credobautismo
https://legadobautistaconfesional.com/libros/el-misterio-de-cristo-su-pacto-y-su-reino
Sitios web recomendados:
www.imagenbautista.com

