
Por Bastián López Millar
Existe una práctica piadosa que yace en el corazón de la espiritualidad pentecostal. Nombrada habitualmente con el verbo “clamar” presente en frases tales como: “No dejen de clamar”; “Estemos clamando”; “Me fui clamando todo el camino”; entre otras.
Por supuesto el término “clamar” no es exclusivo de los pentecostales, ni para nada ajeno a la cristiandad universal, esto porque es un término que se encuentra en la Biblia y está relacionado directamente con la “oración”. Está presente en la mayoría, si no todas, las confesiones y tradiciones cristianas, y cada una le ha dado su propia interpretación dentro de su teología, culto, liturgia, devoción y piedad popular.
Siguiendo con la Biblia, la palabra “clamar” es una palabra que, junto a sus derivados, podemos hallar en Las Sagradas Escrituras más de 170 veces (RV1960: clamar, clamando, clama, claman, clamé, clamaron, clamaré, clamarán, etc.). No expondré en este caso la etimología de la palabra en su contexto bíblico debido a que es un tema más extenso y para otra ocasión, ya que la misma palabra (“clamar”) es utilizada en español para traducir varias otras palabras de los originales en la Biblia, y no todas significan lo mismo, pero todas hacen referencia a “pedir con intensidad” donde no debemos entender aquella intensidad únicamente con gritos o voz alta, sino que es una intensidad del espíritu que en ocasiones puede no emitir sonido alguno por la boca. Sobre esta última idea nace la interpretación pentecostal de la acción de clamar.
Para el pentecostal clamar es orar de manera intensa y profunda, en voz alta o baja dependiendo el contexto, repitiendo frases de ruego, alabanza y acción de gracias de manera espontánea.
“Aleluya…
Gloria a Dios…
Santo, Santo, Santo…
Te alabo Señor…
Gloria a ti Señor…
Bendito…
Poderoso…
Toda la gloria es tuya…”
En los servicios de la iglesia, los pentecostales claman para pedir el auxilio del Señor, su respaldo y su protección. No hay espacios vacíos dentro de la liturgia pentecostal, incluso cuando hay silencio, el clamor constante sigue dentro del corazón de los hermanos.
Mientras el predicador predica, o el coro canta la iglesia clama:
“Ayúdalo Señor…
Dale gracia …
Santo eres…
Úsalo para tu Gloria…
Llénalo de tu presencia…”
Pero también clama para que Dios hable y manifieste su presencia:
“Habla a tu pueblo Rey…
Habla a mi vida…
Abre el entendimiento Señor…”
“Manifiéstate Señor…
Toca los corazones…
Muévete en medio de tu pueblo…”
Cuando se imponen las manos sobre los enfermos o para pedir liberación, la iglesia clama:
“Por tu llaga fuimos curados…
Hecho está en el nombre de Jesús…
Ahora Padre en el nombre de Jesús…
Sana…
Restaura…
Rompe las cadenas…
Haz la obra…
Di la palabra…”
Cuando hay oposición del enemigo o algún ataque del maligno, la iglesia clama:
“Cúbrenos con tu sangre…
Acorázanos Señor…
Tuyo es el Poder…
El diablo está vencido…
Rompe todo yugo satánico…”
Este “clamor” no es una oración memorizada, sino que es una oración improvisada, donde “el que clama” ruega espontáneamente y sin cesar, algunas de las frases que se utilizan se repiten varias veces, para intensificar el clamor o con la intención de que este mismo no cese. Con esto último se busca que la mente esté por completo concentrada en lo que se está pidiendo, sin dar lugar a distracciones o pensamientos vanos, por lo mismo no es raro escuchar a hermanos clamando de manera aparentemente mecánica y repetitiva, lo que en verdad están haciendo es concentrar toda su mente en adorar a Dios mientras procuran no perder esa conexión.
“Santo, santo, santo
Bendito eres Señor
Te alabo, Te bendigo, Te exalto
Gloria a Dios, Bendito eres
Gloria a ti Jesús
Bendito Espíritu Santo
Te alabo”
La acción de clamar se realiza en distintos contextos, tanto en la asamblea como fuera de ella, incluso en la vida cotidiana, mientras se camina por la calle, o se va en el transporte público, o mientras se realizan los quehaceres del hogar se puede estar clamando. Por lo general el clamor es utilizado cuando el pentecostal está afligido por algún problema, esperando una respuesta o camino a una diligencia importante. Utiliza el clamor para calmar su ansiedad, descansar en Cristo, y prepararse para lo que viene.
“Ayúdame Señor…
Ten misericordia…
Acompáñame Señor…
Abre las puertas…
Haz la obra…”
Esta práctica piadosa, que los pentecostales chilenos hacen naturalmente, la cual enseñan a los niños desde muy pequeños, no podemos negar que proviene de la tradición, y aunque es muy similar, en cuanto a repetir se refiere, al rosario católico, o a la “Oración de Jesús” de los orientales, es distinto, al ser de forma improvisada, espontánea, y en orden variado. Haciendo énfasis en eso, y dejando claro que es una práctica completamente distinta al rezo católico, no podemos negar cierta influencia, al ser en gran mayoría los pentecostales, sobre todo las primeras generaciones excatólicos conversos, se han conservado ciertas prácticas de la piedad popular católica chilena, entre ellas el repetir oración mientras se realizan labores cotidianas (Ora Et Labora).
Por otro lado, no menos importante, el pentecostal chileno, por sus raíces metodistas, toma parte de la piedad metodista en cuanto a la oración continua, si bien los metodistas no practicaban el rezo, ni el rosario, ni cosas semejantes, los primeros metodistas si tomaron algunas prácticas piadosas occidentales como las oraciones jaculatorias, que no eran otra cosa que oraciones cortas memorizadas para decir en ciertos momentos del día, parte de las preguntas de autoexamen que realizaban los metodistas de Oxford tenían que ver precisamente con las oraciones jaculatorias. A su vez, la práctica de estar orando constantemente mientras se realizan labores cotidianas, para no dar espacio al ocio o la divagación de la mente en lo mundano, son sin duda prácticas metodistas que se reflejan en el llamado “clamor” de los pentecostales.
Pero insisto en decir que la práctica misma del “clamor” el pentecostal la aprende por tradición y casi por imitación viendo a sus pares clamar en la iglesia. Y termina volviéndose esta práctica parte importante de su devoción a Dios. Para un pentecostal es impensable no comenzar a clamar cuando un enfermo está siendo ungido en la iglesia, o cuando se está orando por la liberación de una persona oprimida por el maligno, o cuando se hace sentir la presencia de Dios en medio de la congregación, y hay danzas, lenguas, todo pentecostal de manera instantánea comienza a clamar porque está en su ADN espiritual, porque de esa manera se conecta con el Señor. Es esto parte de la bella espiritualidad pentecostal, mística para algunos, criolla para otros, pero sin excusas profundamente bíblica.

