¿Dónde está Dios cuando todo se quema?

Chile vuelve a arder. De un tiempo a la fecha, el tema de los incendios forestales es recurrente en nuestro país. Y es cada vez más penoso y triste ver cómo las llamas avanzan sin pedir permiso, las casas se convierten en cenizas junto con los recuerdos, que se pierden en minutos. Frente a este dolor colectivo, surge una pregunta que nace desde lo más profundo del alma:

¿Dónde está Dios cuando todo se quema?

No es una pregunta rebelde. Es una pregunta humana, una pregunta sincera. Es la misma pregunta que han hecho los salmistas, los profetas y los creyentes de todos los tiempos cuando el sufrimiento parece no tener explicación.

La Biblia no es ajena a este clamor. El salmista lo expresa con crudeza: ¿Hasta cuándo, Señor? ¿Me olvidarás para siempre? ¿Hasta cuándo esconderás tu rostro de mí? (Salmos 13:1)

Dios no se ofende por nuestras preguntas. Él no nos pide una fe fingida, sino un corazón sincero. Como señala James Dobson en su libro Cuando lo que Dios hace no tiene sentido, el dolor no destruye la fe; lo que la destruye es creer que no podemos llevar ese dolor delante de Dios.

Cuando el fuego consume lo que amamos, muchos sienten que Dios guardó silencio. Aparece entonces lo que Dobson llama la barrera de la traición: ese momento en que creemos que Dios nos falló. Pero la Escritura nos recuerda una verdad esencial:

Cercano está el Señor a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu. (Salmos 34:18)

Dios no siempre actúa como esperamos, pero eso no quiere decir que esté ausente. La fe cristiana no promete una vida sin tragedias, sino una presencia fiel en medio de ellas. Isaías nos entrega una promesa que hoy resuena con fuerza:

Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti. (Isaías 43:2)

Este versículo no significa que no enfrentaremos incendios, problemas, pérdidas o lágrimas. Significa que el fuego no tendrá la última palabra. Dios no siempre apaga las llamas de inmediato, pero sostiene nuestra vida para que el dolor no nos destruya por completo.

¿Dónde está Dios cuando todo se quema?

Está en el consuelo que llega en medio del llanto. Está en el cuerpo de Cristo que se levanta para ayudar. Está en el abrazo solidario, en la oración compartida, en la esperanza que se niega a morir; está en esas ayudas inesperadas de personas que nunca conociste; está en aquellos que no tienen ninguna obligación de ayudarte, pero están desesperados en poder hacerlo, pues son movidos por el Espíritu de Dios.

El apóstol Pablo nos recuerda que incluso en el sufrimiento, Dios sigue obrando: Sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien. (Romanos 8:28)

Este versículo no minimiza el dolor. No dice que todo lo que ocurre es bueno, sino que Dios puede obrar incluso a través de lo que no es bueno bajo nuestra óptica. Aun en las cenizas, Él puede sembrar compasión, unidad y una fe más profunda.

Jesús mismo conoció el sufrimiento injusto. En la cruz, Él también clamó: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? (Mateo 27:46)

Eso nos dice algo poderoso: Dios no es ajeno al dolor humano. Él lo conoce desde dentro. Y porque Cristo resucitó, sabemos que el sufrimiento no es el final de la historia.

Hoy Chile llora, pero Dios sigue estando allí.

También camina con su pueblo, levantando a los caídos, sosteniendo a los que no tienen fuerzas y recordándonos que, aunque todo se queme, nuestra esperanza permanece firme en Él.

El Señor dio, y el Señor quitó; sea el nombre del Señor bendito. (Job 1:21)

Cuando no entendemos lo que Dios hace, seguimos confiando en quién es. Porque incluso entre las cenizas, Dios sigue siendo bueno, sigue siendo fiel y sigue estando presente.

Pr. Isaac Ibarra.