Transparencia financiera en las iglesias pentecostales: Un llamado a la Autocrítica y la responsabilidad

Por Pr. Gonzalo Ramírez L.

La Importancia de un Manejo Ético de las Finanzas

El manejo financiero en las iglesias pentecostales ha sido objeto de controversia debido a casos de enriquecimiento ilícito y malos manejos administrativos. Como pastores, debemos reflexionar profundamente sobre cómo administramos los recursos que Dios pone en nuestras manos. Más allá del debate bíblico sobre el diezmo, en este artículo apuntamos a fomentar una cultura de transparencia, rendición de cuentas y generosidad voluntaria.

La Biblia establece principios claros sobre el uso de los recursos. En 2 Corintios 9:7, se nos enseña: “Cada uno dé como propuso en su corazón, no con tristeza ni por necesidad; porque Dios ama al dador alegre”. Además, en 1 Timoteo 5:17-18, se menciona la importancia de sostener dignamente a los líderes que trabajan arduamente en la enseñanza de la Palabra. Pablo nos llama a administrar con integridad y a priorizar la ayuda al necesitado.

La administración de los recursos económicos en la iglesia es una responsabilidad sagrada que debe ser guiada por principios claros basados en la Palabra de Dios. Veamos rápidamente algunos de ellos:

1. Todo pertenece a Dios: El primer principio fundamental es reconocer que todos los recursos provienen de Dios y le pertenecen. «De Jehová es la tierra y su plenitud, el mundo y los que en él habitan»* (Salmo 24:1). La iglesia administra lo que es de Dios, lo que requiere un manejo fiel y honesto, con un sentido de reverencia y responsabilidad.

2. Transparencia y rendición de cuentas: El apóstol Pablo destaca la importancia de la transparencia en el manejo de ofrendas. «Procurando hacer las cosas honradamente, no sólo delante del Señor, sino también delante de los hombres» (2 Corintios 8:21). Esto implica que la iglesia debe informar claramente a los miembros sobre el uso de los recursos, estableciendo sistemas de rendición de cuentas y evitando toda apariencia de mal manejo.

3. Sostener al ministerio y al pastor: El Nuevo Testamento enseña que es correcto que los ministros de la iglesia sean sostenidos económicamente. «El que es enseñado en la palabra, haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye» (Gálatas 6:6). «Digno es el obrero de su salario»* (1 Timoteo 5:18). Sin embargo, esto no debe traducirse en un estilo de vida ostentoso, sino en un sustento digno que permita al pastor cumplir su llamado sin distracciones financieras.

4. Priorizar a los necesitados: El uso de los recursos debe incluir el apoyo a los más vulnerables. «Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis» (Mateo 25:35). «Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe» (Gálatas 6:10). El servicio a los pobres y necesitados refleja el corazón de Dios y es un testimonio poderoso de Su amor.

5. Financiar la obra misionera y el evangelismo: Jesús dio a la iglesia el mandato de hacer discípulos en todas las naciones (Mateo 28:19). Por lo tanto, los recursos económicos deben invertirse en la expansión del Evangelio, apoyando misiones y evangelismo local y global. «¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? Y ¿cómo creerán en aquel de quien no han oído? Y ¿cómo oirán sin haber quien les predique?» (Romanos 10:14). Una buena pregunta es: ¿Qué parte del presupuesto anual de su iglesia local se destina a evangelismo y misiones?

6. Evitar la manipulación en las ofrendas: La enseñanza sobre las ofrendas debe ser bíblica y no coercitiva. Pablo enseña que dar debe ser voluntario y alegre (2 Corintios 9:7). Esto significa evitar el uso de promesas falsas, como asociar las ofrendas con bendiciones materiales garantizadas.

7. Pluralidad en la administración de los recursos: En Hechos 6:1-7, los apóstoles delegaron la administración de las ayudas a diáconos, mostrando la necesidad de un liderazgo plural y especializado. Este modelo apunta hacia la distribución justa de los recursos y evita el abuso de autoridad. 

    Sin embargo, a pesar de estos claros principios escriturales, nuestras iglesias no han estado exentas de problemas en el manejo de las finanzas. Veamos tres de los más frecuentes.

    1. Falta de transparencia: Uno de los problemas más comunes en algunas iglesias es la ausencia de informes claros y regulares sobre cómo se utilizan los fondos. Cuando no se presenta información detallada sobre ingresos y gastos, se generan dudas y desconfianza en la congregación. Esta situación contradice el principio bíblico de hacer las cosas honradamente que mencionamos más arriba. 

    Ahora bien, la falta de transparencia puede deberse a varios factores, tales como: 

    • Desorganización administrativa (Muchas iglesias no cuentan con equipos capacitados para llevar registros contables adecuados); 
    • Temor a las críticas. (Algunos líderes temen que al abrir los libros contables se cuestionen decisiones o prácticas) 
    • y/o lo que es más frecuente: carecemos de una cultura de rendición de cuentas. En muchas congregaciones, simplemente no existe ni menos se fomenta la práctica de informar a los miembros. ¿La razón?  “Siempre lo hemos hecho así” o “así lo hacemos en esta iglesia”, etc. Para abordar este problema, las iglesias deben adoptar medidas prácticas, como la creación de comisiones revisoras de cuentas, la publicación periódica de informes financieros y la capacitación de tesoreros. La transparencia no solo es un deber ético, sino también una forma de honrar a Dios y de fortalecer la confianza de la comunidad.

    2. Enriquecimiento de Líderes: Otro problema alarmante es el estilo de vida opulento que algunos pastores y líderes exhiben, en contraste con las necesidades económicas de sus congregaciones. Este tipo de comportamiento no sólo es éticamente cuestionable, sino que también contradice el ejemplo de humildad de Cristo, quien “siendo rico, se hizo pobre por amor a vosotros” (2 Corintios 8:9). Los casos de líderes que poseen bienes lujosos, vehículos de alta gama y viven en verdaderas mansiones, mientras algunos miembros de sus iglesias luchan por satisfacer necesidades básicas, han causado gran escándalo. Esta práctica afecta gravemente el testimonio de la iglesia y refuerza los estereotipos negativos que muchos tienen sobre el cristianismo. ¿Se puede enfrentar esta práctica? Absolutamente. Por ejemplo: Un sustento digno para los pastores es bíblico y necesario (1 Timoteo 5:18), pero la distinción entre lo que es digno y lo que es excesivo debe ser clara. Para evitar este problema las iglesias pueden establecer un salario aprobado por una junta de ancianos o de oficiales, basado en estándares razonables y comparativos con la realidad económica de la comunidad. También deben evitarse decisiones financieras unilaterales tomadas por el pastor. El liderazgo plural es una medida de protección contra el abuso de autoridad y de los recursos. Y es que un pastor o líder cristiano debe reflejar un corazón humilde y un estilo de vida que inspire respeto y confianza, no envidia ni descontento.

    3. Lenguaje Manipulador: En muchas iglesias, se utiliza un lenguaje que ejerce presión indebida sobre los miembros para que den ofrendas. Frases como “hacer pacto con Dios”, “ si usted da 10 mil, Dios le va a dar 100 mil”, no solo carecen de un fundamento bíblico, sino que también transforman la generosidad voluntaria en una mera transacción económica. El apóstol Pablo es claro al enseñar que el dar debe ser voluntario, no bajo coerción, tal como lo vimos anteriormente (2 Corintios 9:7). Además, este lenguaje manipulador genera varios efectos negativos en la grey: Culpa indebida (Los miembros pueden sentirse espiritualmente presionados a dar más allá de sus posibilidades), desconfianza en el liderazgo (Cuando las promesas vinculadas a las ofrendas no se cumplen, se siembra descontento), comercialización de la fe (Este enfoque reduce la relación con Dios a una dinámica de “compra y venta”).

    Hermanos, es hora de ser serios.

    Amados hermanos, debemos con urgencia volver al enfoque bíblico y serio sobre las ofrendas: Dar es un acto de adoración, no una obligación. La generosidad es una respuesta al amor de Dios, no una vía para obtener bendiciones materiales y, por favor, dejemos de usar términos como “pacto financiero” o “semillas de prosperidad”, que desvían la enseñanza cristiana a un simple y humanista mensaje centrado en el beneficio personal. 

    ¿No haría bien una denominación o iglesia local en establecer estas prácticas?

    • Establecer un Sueldo Digno para el Pastor: Un sueldo digno significa cubrir las necesidades básicas de un pastor y su familia sin caer en excesos. Esto evita que el ministerio sea percibido como una vía de enriquecimiento personal. El fundador del pentecostalismo en Chile, Dr. Willis Hoover, proponía que los pastores recibieran un sueldo aprobado por la junta de oficiales.  Este modelo garantiza transparencia y evita conflictos de interés. Cito a Luis Aránguiz, investigador del pentecostalismo chileno: “Como todo buen pentecostal sabe, el movimiento tuvo orígenes sencillos en Chile. Pero la iglesia de la cual proviene es la metodista, que se caracteriza por ser una iglesia ordenada y, en un principio, se buscaba que ese orden administrativo también existiera en el mundo pentecostal. Por esos días, cuando nadie entendía muy bien de qué trataba el movimiento, se ofreció la siguiente respuesta sobre el tema administrativo. Presten atención a la siguiente cita: “El pastor es tal por la invitación y nombramiento de un cuerpo que se llama una Junta de Oficiales, que tienen a su cargo todos los asuntos materiales de la iglesia, en particular todas las finanzas. Estos perciben todos los dineros que entran en la iglesia y pagan al pastor un sueldo que ellos mismos fijan. Estos también secundan eficazmente la obra espiritual de la Iglesia”… ¿Quién dijo eso? Se estarán preguntando. Pues bien, no los hago esperar. Esta cita es de Willis Hoover, el pastor fundador del movimiento pentecostal en Chile. Aparece en un texto publicado en la revista Fuego de Pentecostés número 7, de julio del año 1928. (1)
    • Capacitar a los Tesoreros: El rol del tesorero debe estar en manos de personas con conocimientos contables y éticos sólidos. Su labor es fundamental para garantizar una administración impecable.
    • Formar una Comisión Revisora de Cuentas: Para iglesias con personalidad jurídica, es esencial contar con una comisión que supervise los estados financieros. (Una comisión que funcione, no de papel) Esto refuerza la confianza de los miembros. 
    • Promover la Pluralidad de Ancianos: Un liderazgo compartido en la toma de decisiones financieras minimiza los riesgos de abuso y asegura un uso más equilibrado de los recursos.
    • Evitar Abusos en el Discurso Sobre el Dinero: Hablar de dinero todos los domingos o utilizar tácticas de presión puede alienar a los miembros. Es mejor fomentar una cultura de ofrendas voluntarias basadas en gratitud y amor.
    • Fomentar la Ayuda al Necesitado: Una parte significativa de los ingresos de la iglesia debe destinarse a programas de ayuda social. Esto refleja el corazón del Evangelio y da testimonio a la comunidad.
    • Una Cultura de Generosidad Voluntaria y No Forzada: El apóstol Pablo enfatizó la importancia de dar de manera voluntaria y con alegría, como se menciona en 2 Corintios 8 y 9. No se trata de imponer cargas financieras a los miembros, sino de enseñarles el gozo de contribuir a la obra de Dios según sus posibilidades. Este principio es clave para evitar que el dar se convierta en un acto obligatorio o manipulador.
    • Educación Financiera para la Congregación: Además de enseñar sobre generosidad, las iglesias deben instruir a sus miembros en buenos hábitos financieros personales. Esto incluye principios básicos como el ahorro, la planificación presupuestaria y la administración de deudas. Una congregación educada financieramente está mejor equipada para dar con libertad y sin resentimiento.
    • Rendición de Cuentas Periódica: Los líderes deben informar regularmente a la congregación sobre cómo se utilizan los recursos. Esto puede hacerse a través de asambleas generales o boletines financieros.
    • Separación de Roles: Es esencial que el pastor no sea quien administre directamente los fondos. Este rol debe estar delegado a tesoreros o comités especializados.
    • Reinvertir en la Misión y en la Comunidad: Una parte importante de los recursos de la iglesia debe destinarse a proyectos misioneros y al servicio de la comunidad. Ayudar a los necesitados, financiar programas sociales y apoyar misiones externas son maneras de reflejar el amor de Cristo y fortalecer el testimonio de la iglesia.

    Evitar el Abuso del “Evangelio de la Prosperidad”

    Es importante distanciarse de prácticas que asocian las bendiciones materiales directamente con las ofrendas. Este enfoque tergiversa el mensaje del Evangelio y lleva a expectativas poco realistas. El propósito de las ofrendas es sostener el ministerio y bendecir a los necesitados, no garantizar riquezas a los donantes. Debemos predicar y enseñar a nuestras comunidades que Dios es un fin en sí mismo y no un medio para… salud, trabajo, casa, etc. Cuando se predica que Dios le dará todo eso y más, la gente buscará a Dios porque quiere “eso”; “eso” es su dios. Bien dice el apóstol que la avaricia es… idolatría. 

    Un Llamado a la Reflexión y la Acción

    Como líderes, estamos llamados a ser modelos de integridad y responsabilidad. Esto incluye no solo nuestra vida personal, sino también la manera en que administramos los recursos de la iglesia. Cada decisión financiera debe honrar a Dios y servir a Su pueblo. En este sentido, la autocrítica es el primer paso hacia el cambio. Reconocer errores pasados y establecer nuevas prácticas basadas en principios bíblicos traerá confianza, unidad y un mayor impacto en nuestras comunidades.

    El Testimonio de una Iglesia Íntegra

    Cuando una iglesia administra sus finanzas con transparencia y responsabilidad, se convierte en un testimonio vivo de la fe que profesa. Este ejemplo no solo fortalece la confianza interna, sino que también atrae a aquellos que buscan una comunidad auténtica y comprometida con el Evangelio. Como líderes, recordemos las palabras de Jesús: “Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Mateo 6:21). Que nuestro corazón esté siempre en la obra de Dios y que nuestras finanzas reflejen nuestra fe en Su provisión.

    Una Visión para el Futuro: Iglesias que Inspiren Confianza.  

    El manejo adecuado de las finanzas no solo evita escándalos y divisiones internas, sino que también proyecta una imagen positiva hacia el mundo exterior. En un tiempo donde la transparencia es valorada, nuestras iglesias deben ser modelos de ética y responsabilidad. Esto fortalece el mensaje del Evangelio y elimina obstáculos para aquellos que buscan a Dios con un corazón sincero.  

    Responsabilidad Compartida: Todos Somos Mayordomos.

    La administración de los recursos no debe recaer únicamente en el liderazgo. Cada miembro de la congregación tiene el llamado a ser un buen mayordomo de lo que Dios le ha dado. Esto incluye dar con generosidad, pero también exigir claridad sobre cómo se utilizan los fondos. Las iglesias deben fomentar una cultura donde los miembros sientan que sus ofrendas no sólo son bienvenidas, sino también manejadas con diligencia y propósito. Este enfoque genera un círculo virtuoso de confianza y apoyo mutuo.  

    Testimonios que Marcan la Diferencia.

    En muchos casos, las iglesias que administran correctamente sus recursos no solo son bendecidas económicamente, sino también espiritualmente. Estas comunidades logran impactar más allá de sus muros, siendo faros de esperanza para los necesitados y puntos de referencia en sus localidades. Un ejemplo claro son las iglesias que han establecido centros comunitarios, programas de alimentación y becas educativas, utilizando recursos provenientes de ofrendas transparentes y voluntarias. Este tipo de ministerio refleja el amor de Cristo en acción.  

    Un Ministerio que Honra a Dios

    El manejo financiero es una extensión de nuestra adoración a Dios. Todo lo que hacemos, incluyendo cómo administramos los recursos, debe apuntar a Su gloria. Una iglesia que honra a Dios en sus finanzas es una iglesia que cumple con su misión de ser luz en el mundo.


    Bibliografía

    1. https://pensamientopentecostal.com/la-administracion-escandalosa-de-las-ofrendas-silenciosas/