
Por Giovanni Zamorano Parada
INTRODUCCIÓN
La Revelación de las escrituras presume de Dios y lo proclama. En particular, la revelación proclama un Dios soberano que reina sin limitación ni competencia. Así la persona del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo en su inmanencia ejecuta la salvación soberanamente sobre sus criaturas. En esto la Confesión, el Catecismo Mayor y Menor de Westminster glorifican a Dios y al hacerlo, se hacen eco de un catecismo compuesto por Calvino mucho antes donde nos dice:
¿Cuál es el fin principal de la vida humana? Conocer a Dios. ¿Por qué dices eso? Porque Él nos creó y nos puso en este mundo para ser glorificados en nosotros… ¿Cómo le honramos correctamente? Ponemos toda nuestra confianza en Él, sirviéndole en obediencia a Su voluntad, invocándole en toda nuestra necesidad, buscando la salvación y toda cosa buena en Él, y reconociendo con el corazón y la boca que todo nuestro bien procede de Él”.
En estas pocas líneas intentaremos adentrarnos en la riqueza del conocimiento de nuestro Dios Soberano, riqueza inextinguible que nos ayudará a volcarnos en una conciencia correcta para entender la salvación y desde ahí adorar a Dios como es debido, tal como nos invita Pablo en su Carta a los Romanos: “rendirle un culto racional”, es decir, no solamente desde nuestras emociones sino también con nuestra mente, teniendo claro a quien realmente estamos adorando y por qué lo hacemos.
I. Definición de la Soberanía Divina
A. Providencia y Soberanía
Las Sagradas Escrituras por todos sus contornos deja entrever la soberanía divina. De la calidad de Dios como creador de todas las cosas que nos revelan las sagradas escrituras, se desprende que él es el Señor y Dueño de su creación y quien la sustenta en su ser, por lo que es necesariamente soberano. Por tal razón, cuando decimos que Dios es soberano, afirmamos su derecho a gobernar lo creado, que Él ha hecho para su propia gloria.
La Teología muy tempranamente ha visto la soberanía divina dentro de otro concepto mucho más amplio que es el de la Providencia. Aunque en la patrística no se da una definición exacta de este término ni del de soberanía, se pueden encontrar algunas declaraciones sobre ella como por ejemplo en la Epístola de Clemente que nos cuenta lo siguiente:
“Los cielos son movidos según sus órdenes y le obedecen en paz. Día y noche realizan el curso que Él les ha asignado, sin estorbarse el uno al otro. El sol y la luna y las estrellas movibles dan vueltas en armonía, según Él les ha prescrito, dentro de los límites asignados, sin desviarse un punto. La tierra, fructífera en cumplimiento de su voluntad en las estaciones apropiadas, produce alimento que es provisión abundante para hombres y bestias y todas las criaturas vivas que hay en ella, sin disentir en nada, ni alterar nada de lo que Él ha decretado…”.
Otros padres de la Iglesia como Orígenes, Cipriano, Juan Damasceno por nombrar algunos, siguen en la misma línea, pero es Tomas de Aquino quien sintetiza este concepto y lo desarrolla en su Suma Teológica.
Tomas hace una distinción entre Providencia Divina y Gobierno Divino. Llama Providencia a la razón de orden de lo creado a un fin y Gobierno a la ejecución de ese orden creado para cumplir ese fin. Precisamente este ejercicio de poder para llevar a la creación a su fin determinado, se le denomina soberanía. Dios es soberano en el ejercicio de su gobierno.
De esta descripción se deducen 3 aspectos generales de la soberanía:
- Propiedad: Variados textos indican que todo le pertenece a Dios: (Deut. 10:14; Sal 89:11; Sal 24:1).
- Autoridad: Esto indica el derecho absoluto de Dios de imponer su voluntad sobre todo lo creado, voluntad denominada por los teólogos como Decretiva y Prescriptiva (2 Cro. 2:50; Lc. 21:18).
- Control: Ya que Dios mismo en su soberana voluntad ha decretado todo lo que sucederá, toda la creación está en perfecto control caminando hacia el fin establecido por Dios (Job 12:10; Is 41:4).
II. Características de la Soberanía Divina
A. La Soberanía como parte de todos los atributos divinos
W. Pink nos dice que “Decir que Dios es soberano es declarar que Dios es Dios”, y precisamente la soberanía divina surge desde las mismas perfecciones de Dios. Dios en todos y cada uno de sus atributos es soberano. Como nos dice Hodge: “La infinita sabiduría, bondad y poder, con el derecho de posesión que le pertenece a Dios en cuanto a todas sus criaturas, son el fundamento inmutable de su dominio”.
B. Los Atributos de Dios muestran su calidad Soberana
a) Dios es Soberano en el ejercicio de su poder: Las sagradas escrituras nos enseñan que siempre ejerce tal poder como él quiere. Por ejemplo, uso su poder para liberar a Israel de manos de los egipcios, en la huida con su poder abrió el mar rojo liberando a su pueblo del vituperio. Sin embargo, en cambio otros sufrieron estos vituperios, azotes, prisiones y cárceles, como lo declara la misma escritura en Hec. 11:36, 37.
b) Dios es soberano en el ejercicio de su misericordia: Dios otorga sus misericordias a quien Él quiere y puede retenerlas según sea su voluntad. Moisés suplicó misericordia por su acto de desobediencia, sin embargo, esta le fue negada (Dt. 3:26). Al contrario, a Ezequías concedió su misericordia al otorgarle más años de vida (2 R. 20:1-6).
c) Dios es soberano en el ejercicio de su amor: Pablo en (Ro. 9:13) nos muestra que Dios amó a Jacob, sin embargo, no amó a Esaú, y esto mismo ocurre a los elegidos. Sus elegidos son amados por él, no así aquellos que han sido preordenados a su ira (Ef. 2:3). Con estos ejemplos entendemos que la razón del amor de Dios no está basada en nosotros, sino en Dios mismo y su propio placer soberano (Ef. 1:3-5).
d) Dios es soberano en el ejercicio de su gracia: Por definición la gracia como favor inmerecido no es exigible por nadie como su derecho propio. Por ser un regalo compete solo a Dios el otorgarlo y él lo otorga a quien desee. Así Dios otorgó su gracia salvífica sólo a quienes eligió, y solo ellos pueden disfrutar de sus beneficios, pues Pablo dirá, “no es de vosotros, pues es don de Dios” (Ef. 2-8-9).
C. La Soberanía de Dios es universal
La soberanía divina es extensible a todo lo creado desde lo más ínfimo a lo más grande. Toda la creación está subordinada a su soberanía y no hay nada ni nadie que escape a ella (Sal. 50:11)
D. La Soberanía de Dios es absoluta
Su soberanía no tiene ni se le puede poner límite alguno. Dios siempre hace según su voluntad, tanto en el cielo como en la tierra, esto delata su posición (Dios es el Ser principal en el universo) y su poder (Dios es supremo en poder en el universo). La Confesión fe de Westminster en consonancia con esto declara: “que hace todas las cosas según el consejo de su propia voluntad, que es inmutable y justísima, y para su propia gloria”.
E. La Soberanía de Dios es inmutable
La voluntad de Dios es completamente inmutable. Nuevamente Tomas de Aquino nos dice que, ya que la sustancia de Dios como su ciencia son completamente inmutables, por ello lo es también su voluntad
III. Soberanía y voluntad Divina
La voluntad de Dios es el atributo por el cual determina aprobar y realizar acciones. Todo deriva de la voluntad de Dios: creación y conservación (Ap 4:11), gobierno (Pr. 21:1; Dan. 4:35; Ef. 1:11), los sufrimientos de Cristo (Lc. 22:42), elección y reprobación (Rm. 9:15 ss.), regeneración (Sant. 1:18), santificación (Fil. 2:13), los sufrimientos del creyente (IPe. 3:17), el destino de nuestra vida (Sant. 4:15; Hech. 18:21; Rom. 15:32) los menores detalles de nuestra vida (Mt. 10:29; etc.). La voluntad de Dios según las escrituras es la causa de todo.
La voluntad de Dios es soberana tanto en su forma, como voluntad secreta de decreto y voluntad revelada de precepto. El Catecismo Menor de Westminster define el decreto divino de la siguiente forma: «Los decretos de Dios son su propósito eterno, según el consejo de su voluntad por cuya virtud, y para su propia gloria, ha preordenado cuanto acontece». Esto implica que la causa última es la gloria de Dios, que toda la existencia está bajo el propósito divino, que soberanamente determina todo según el consejo secreto de su voluntad y que abarca todos los acontecimientos de la vida.
La voluntad preceptiva hace relación con la regla de vida que la voluntad soberana ha indicado para sus criaturas morales, con la cual muestra los deberes que impone. Él prescribe conforme a su propia voluntad, lo que sus criaturas deberían hacer o abstenerse de hacer, que además son los frutos y evidencias de una fe verdadera. Así la primera siempre se cumple y la segunda con frecuencia es desobedecida.
IV. Soberanía y Salvación del ser humano
El ser humano, por su caída, es incapaz para la vida eterna, la escritura le cataloga como un muerto (Ef. 2:1), sin embargo, Dios ofrece libremente a los pecadores vida y salvación por Cristo. Dios actúa soberanamente determinando el destino de sus criaturas, y ejerce esta soberanía en ninguna parte más claramente que en su gracia predestinadora.
En todo el Ordo Salutis Dios deja ver su soberanía, pues la salvación toda compete única y exclusivamente a Dios:
a) El Decreto de Salvación: Nos enseña la CFW que “Por el decreto de Dios y para manifestación de su gloria, algunos hombres… son predestinados para vida eterna, y otros pre-ordenados para muerte eterna”. Esto lo declara basado en textos como Rom. 9:20-23 donde el apóstol destaca la libre y soberana predestinación de algunos vasos para honra y otros para ira, ante lo cual el vaso nada puede decir ya que como indica el verso 19 “nadie puede resistir su voluntad”.
b) La Predestinación y Elección de los Santos: Nuevamente la CFW nos dice que: “A aquellos de la humanidad que están predestinados para vida, Dios, antes de establecer los fundamentos del mundo, según su eterno e inmutable propósito, y el secreto consejo de su voluntad, los ha escogido en Cristo para gloria eterna, por libre gracia y amor, sin previsión de fe o buenas obras”. Nuevamente la predestinación de los elegidos solo compete a Dios, pues su destino está trazado desde antes de la fundación del mundo, y por tal razón nos escoge en Cristo de entre lo que Agustin llamara «masa de pecado» (massa peccati), sin que el hombre intervenga, pues es solo por gracia y es sin previsión de buenas obras. Esto mismo declara la escritura en textos como Hec. 13:48; Rom. 11: 5-6; Ef 1:3-5.
c) El llamamiento eficaz: la CFW declara que “los que son elegidos…son eficazmente llamados a la fe en Cristo por el Espíritu Santo que obra en su momento”. El llamado soberano y eficaz es efectivo porque en él (Cristo) y por medio de él, Dios efectúa exactamente lo que él pretende. Dios llama internamente a sus elegidos de antemano a través de su palabra y Espíritu Santo para salir de su estado de pecado y muerte iluminándoles en el camino de salvación y renovando sus voluntades y determinándolos a lo bueno y llevándolos a Cristo efectivamente.
d) La Perseverancia final de los santos: “Aquellos a quienes Dios ha aceptado en su Amado, y han sido llamados eficazmente y santificados por su Espíritu, no pueden caer ni total ni definitivamente del estado de gracia, sino que ciertamente han de perseverar en Él hasta el fin, y serán salvados eternamente” nos enseña la CFW. Invariablemente los elegidos serán salvados pues su salvación depende del decreto inmutable de Dios.
CONCLUSIÓN
La Doctrina de la Soberanía Divina como hemos podido ver reviste una capital importancia ya que nos demuestra quien es efectivamente a aquel que adoramos y su incomprensible amor con que nos ha amado, eligiéndonos para salvación solo por pura gracia, de entre tantos y tantos que van camino a su perdición. Además, esta doctrina nos comunica un fundamento hermoso de fe, y un descanso para nuestro pensamiento, pues finalmente nuestro destino no es ciego, ni desenfrenado, ni un eterno vacío sin fin, sino que es un destino eterno decretado eternamente por un Dios misericordioso e infinitamente amoroso. Solo nos queda dar gracias ante tal maravilla.
BIBLIOGRAFÍA
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