
Por Cristian Fierro
El evangelio es el mensaje más importante que los cristianos proclaman. Sin embargo, a lo largo de la historia, este mensaje ha sido distorsionado, dando lugar a formas de «evangelios» que se desvían de la verdad revelada en las Escrituras. Es muy urgente revisar nuestros fundamentos, hace unos días oí la predicación de un pastor con autoridad para supervisar muchas iglesias y su primera declaración fue esta, “me encanta la teología, llevo años estudiando y hoy puedo decir que mi teología preferida es la Teología Mecánica”. Lo sorpresivo es entender la definición de este concepto “La teología mecánica se refiere a una visión de la fe que reduce la relación con Dios a un conjunto de reglas, fórmulas o rituales que, si se cumplen de manera precisa, «garantizan» bendiciones o resultados específicos”.
En este artículo, exploraremos las diferencias entre el evangelio bíblico y aquellos que se basan en la tradición, el misticismo o la moralidad externa, mostrando cómo cada uno impacta la vida y la fe de los creyentes.
Para diferenciar lo verdadero de lo falso comencemos hablando sobre lo real. Lo revelado por Dios.
El Evangelio Bíblico: Cristo al Centro
El evangelio bíblico es el mensaje de las Buenas Nuevas de Jesucristo. Su fundamento está en las Escrituras, donde se declara que todos hemos pecado y estamos destituidos de la gloria de Dios (Romanos 3:23), pero también que la salvación es un regalo gratuito de Dios por medio de la fe en Jesucristo Efesios 2:8-9. Este evangelio enfatiza:
La centralidad de Cristo: La obra redentora de Cristo en la cruz y su resurrección es el único medio por el cual los pecadores pueden ser reconciliados con Dios 1 Corintios 15:3-4.
La autoridad de las Escrituras: La Biblia es la única fuente de verdad y guía para la vida cristiana 2 Timoteo 3:16-17.
Transformación interna del corazón: El evangelio bíblico no se conforma con cambios superficiales; busca una transformación del corazón, operada por el Espíritu Santo (Juan 3:3-6).
La gracia como fundamento: La salvación no es por obras, sino por la gracia inmerecida de Dios. Es un regalo divino que no puede ser ganado (Romanos 3:24-28).
El evangelio bíblico produce una relación íntima y personal con Dios, donde el creyente vive «coram Deo» (delante del rostro de Dios), buscando glorificarlo en todas las áreas de su vida.
El “evangelio” Basado en la Tradición
Un evangelio distorsionado que se basa en la tradición enfatiza prácticas humanas, normas establecidas por generaciones y rituales que muchas veces reemplazan la autoridad de las Escrituras. Aunque la tradición puede tener un valor significativo en ciertos contextos, cuando se eleva al nivel de la revelación divina, se convierte en un obstáculo para el verdadero evangelio.
Dependencia en lo humano: Este enfoque pone el peso de la fe en las costumbres o doctrinas humanas en lugar de en la obra de Cristo. Jesús mismo condenó esta actitud en los fariseos: «Invalidáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición» (Mateo 15:6).
Legalismo: Se promueve una obediencia externa a reglas que no necesariamente reflejan la voluntad de Dios. Esto genera un cristianismo superficial y cargado de culpa.
Desplazamiento de la gracia: La salvación puede percibirse como algo que se gana al adherirse a rituales o costumbres religiosas, minimizando la suficiencia del sacrificio de Cristo.
El “evangelio” Místico
El evangelio místico se enfoca en experiencias sobrenaturales, emociones intensas y revelaciones personales que frecuentemente eclipsan la autoridad de las Escrituras. Aunque el cristianismo reconoce lo sobrenatural y el poder del Espíritu Santo, el misticismo exagerado puede desviar a los creyentes hacia una fe subjetiva y desconectada de la verdad objetiva de la Palabra.
Subjetivismo: Este enfoque se centra en cómo «se siente» la fe, llevando a las personas a depender de sus emociones o experiencias en lugar de las promesas claras de la Escritura.
Autoridad desplazada: En lugar de someterse a la Biblia, muchos buscan visiones, sueños o palabras proféticas que pueden contradecir o agregar a la revelación escrita (Colosenses 2:18-19).
Falta de discernimiento: Sin un anclaje firme en las Escrituras, este enfoque puede abrir la puerta a doctrinas erróneas y prácticas no bíblicas.
El “evangelio” de la Moralidad Externa
Este «evangelio» se basa en la idea de que la salvación y la aceptación de Dios dependen de llevar una vida moralmente correcta. Aunque la Biblia nos llama a vivir en santidad, este mensaje reduce el cristianismo a un simple código de conducta.
Falta de redención: Este enfoque ignora la realidad del pecado y la incapacidad del ser humano de alcanzar la perfección moral. Isaías 64:6 declara que «todas nuestras justicias son como trapos de inmundicia».
Orgullo espiritual: Promueve una falsa seguridad basada en los logros personales y genera comparaciones entre creyentes, lo que fomenta el juicio y la hipocresía.
Superficialidad: El cambio externo no aborda el problema del corazón humano. Sin regeneración, no hay verdadera transformación (Mateo 23:27-28).
El Llamado a Regresar al Evangelio Bíblico
El evangelio bíblico es el único mensaje que salva, transforma y glorifica a Dios. Los otros «evangelios» mencionados desvían la atención de Cristo y su obra redentora, llevando a las personas a la esclavitud del legalismo, la confusión del misticismo o el engaño de la autosuficiencia moral. Como cristianos, debemos evaluar constantemente nuestras creencias y prácticas a la luz de las Escrituras.
En palabras de Pablo: «Pero aun si nosotros o un ángel del cielo os anunciara otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema» (Gálatas 1:8). La fidelidad al evangelio bíblico no solo nos guarda de caer en el error, sino que también nos permite proclamar con claridad el poder de Dios para salvación a todo aquel que cree (Romanos 1:16).
El reto para cada creyente es volver siempre al fundamento de la fe: Cristo, su obra y su Palabra. En esto encontramos la verdadera libertad y esperanza.