El culto a la persona y no a Cristo

Por Bastian Jara

En el mundo pentecostal estamos acostumbrados a escuchar frases tales como: ¡Qué manera de predicar! ¡Dios uso en sobremanera a mi pastor! ¡Dios tiene una unción especial sobre ese siervo!, etc. Estas frases, entre otras, centran la mirada en las personas, volviendo el culto en uno antropocéntrico, en donde el hombre se lleva la gloria y no Dios. Si vamos a la historia podemos recordar el periodo en donde surge el hermano Yiye Ávila, quien predicó el evangelio a través del mundo haciéndose un nombre dentro del mundo evangélico pentecostal debido a sus características predicas y los milagros que sucedían en sus campañas evangelísticas. El problema de su imagen mediática se originó en la medida de que fue haciéndose más conocido lo que llevo a que se llenaran estadios en busca de milagros y sanidades que se le atribuían en mayor medida a él y no a Dios. Lo mismo sucedió con Jimmy Swaggart, evangelista estadounidense de las Asambleas de Dios, quien predicó al mundo entero a través de campañas evangelísticas con fuerte presencia en la TV. 

“En solo cinco años construyó un imperio. En la década de 1980 su programación de televisión fue transmitida a más de 3000 estaciones y sistemas de cable cada semana. Sus transmisiones fueron vistas por más de 8 millones de personas en los Estados Unidos y más de 500 millones en todo el mundo. Su programa estrella se llamó «La hora de Jimmy Swaggart». (Manzoni, 2018)

Swaggart predicó sobre el infierno, el juicio del trono blanco y un sinfín de temas bíblicos. Sin embargo, la gente centró su mirada en la persona más que en el contenido bíblico. Lamentablemente, en el caso de Swaggart, su caída estrepitosa provocó que esta mirada antropocéntrica trajera como consecuencia la deserción de miles de creyentes que centraban su fe en Jimmy pero no en Cristo. 

En el caso chileno no estamos lejanos a esto. En más de alguna ocasión se ha escuchado repetir en los púlpitos las “grandes” hazañas del obispo Manuel Umaña Salinas contando las “sanidades” que Dios obraba a través de él y de cuanto Dios lo usaba. En diversas prédicas se escuchó hablar más de Umaña que de Cristo y eso, es intolerable en una iglesia evangélica. Hasta hace poco en redes sociales se publicó una reseña histórica en donde pusieron que el Obispo “venía montado en un asno”, comparándolo con la entrada triunfal de Cristo a Jerusalén. Este tipo de frases nos revelan que, en el mundo pentecostal, hay una tendencia no menor a idolatrar pastores, obispos, evangelistas y predicadores. La gente tiende a idolatrar al caudillo de turno adulando su efusividad (porque pareciera que mientras más grite el predicador más espiritual es), su elocuencia, sus frases (a veces sin contexto bíblico) y hasta su manera de vestir, reemplazando la adoración al único digno de toda alabanza (Apocalipsis 4:11). El culto al pastor de turno es un germen que ha traído consecuencias tales como la de Jotabeche 40, en donde por un tiempo se toleraron situaciones inmorales del pastor Durán solo porque era “el siervo de Dios”, sin embargo, cuando estalló la polémica en la TV, solo porque fue una situación mediática provocó que los detractores de Durán pidieran la destitución y se procedió a elegir un nuevo pastorado. Antes de eso la frase “No toquéis a mi ungido” es la que reinaba en dicha iglesia.

Pablo se enfrentó a una disyuntiva similar cuando le escribió la primera carta a la iglesia de Corinto: 

“Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo. 13 ¿Acaso está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo?”

1 de Corintios 1:12-13

En simples palabras ¿es más importante seguir a los hombres o a Dios?, ante esto Pablo también nos responde: 

Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo.

Gálatas 1:10

Por lo tanto, Pablo nos enseña que debe haber una centralidad bíblica basada en Cristo y no en las figuras humanas. Nunca debe predominar la figura del predicador de turno por sobre la del Rey de Reyes y Señor de Señores. Tampoco debe predominar la efusividad por encima del mensaje, ese mal ha traído por consecuencia que los laicos centren su mirada en las emociones más que en el contenido. Domingo tras domingo puedes preguntar sobre qué trató el mensaje, sin embargo, lo más probable es que la mayoría te responda que no recuerda porque su atención no estaba centrada en la palabra sino en las emociones que le producía la predicación.

Ahora bien, lo dicho anteriormente no quita que rescatemos el buen ejemplo de los que han anunciado el evangelio antes que nosotros. Es muy importante que la historia, la tradición y el buen análisis teológico les de su lugar dentro de nuestras comunidades. Recordar un legado no es dañino, por el contrario, muchas veces contar un testimonio de algún hombre de Dios beneficia en fe a los que nos rodean.  Sin embargo, quitar la centralidad de Cristo en nuestras iglesias y darle lugar a la personalidad del pastor es un error que no debemos perpetuar por el bien de nuestras comunidades.

BIBLIOGRAFÍA

Manzoni, C. (31 de agosto de 2018). La Nacion. Obtenido de La Nacion: https://www.lanacion.com.ar/economia/el-predicador-mediatico-monto-imperio-pero-cayo-nid2166460/