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“Amor y verdad: el camino más excelente” – Parte 3 de la serie “Nuestro sectarismo evangélico”

Por Gonzalo Ramírez Lepeley

18 de agosto de 2025

“sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo”

Efesios 4:15

En los artículos anteriores vimos dos realidades que, a primera vista, parecen opuestas pero que en la vida cristiana deben ir unidas:

  1. No podemos ser sectarios por diferencias secundarias.
  2. La doctrina sí importa, y hay límites innegociables para la fe cristiana.

En este tercer artículo, quiero reflexionar brevemente sobre unir amor y verdad en nuestra vida y en nuestras iglesias. Porque si nos quedamos solo con uno de los dos, perdemos el camino de Cristo.

La verdad sin amor se vuelve dureza y arrogancia. El amor sin verdad se convierte en sentimentalismo y permisividad. Pero la verdad con amor es el camino más excelente, el que Cristo mismo nos mostró.

1. La verdad es un tesoro, el amor es su envase

En la Palabra de Dios encontramos mandamientos claros para defender la verdad (Judas 1:3), pero también mandamientos para vivir en amor (Juan 13:34-35). No son instrucciones que compiten, sino que se complementan.

Pablo compara la verdad del Evangelio con un tesoro (2 Corintios 4:7). Ese tesoro debe ser cuidado, protegido y transmitido. Pero el envase en el que lo llevamos es igual de importante: nuestra vida, nuestras palabras, nuestras actitudes.

He visto personas (y cuántas veces yo mismo) que defienden la verdad bíblica con una precisión admirable… pero la envuelven en un carácter áspero, despectivo, sin compasión. Ese envase no refleja a Cristo.

Y también he visto personas llenas de amabilidad y ternura… pero que, en nombre del amor, evitan confrontar el error y callan frente al pecado. (También acá debo aprender) Este envase está vacío de contenido.

En Cristo encontramos ambos elementos: un amor que no miente, y una verdad que no hiere innecesariamente.

2. Discernir entre lo esencial, lo importante y lo opinable

Parte de vivir amor y verdad es aprender a distinguir entre tres categorías:

  • Esenciales: doctrinas que definen la fe cristiana (Trinidad, justificación por la fe, encarnación, muerte y resurrección de Cristo, segunda venida, autoridad de la Escritura). Negarlas es predicar “otro evangelio”.
  • Importantes: temas que no afectan la salvación, pero influyen en la vida y salud de la iglesia (forma de gobierno, práctica de los dones, posición escatológica, modos de bautismo). Aquí debemos dialogar y persuadir, pero no romper comunión con hermanos fieles a Cristo.
  • Opinables: asuntos de conciencia y cultura donde la Biblia no manda ni prohíbe de manera absoluta (estilo musical, forma de vestir, uso de ciertas expresiones culturales). En estos casos, el amor manda que soportemos y respetemos las diferencias.

El problema es que muchas veces invertimos las categorías: tratamos como esenciales cosas opinables, y como opinables doctrinas esenciales. Ahí, precisamente, es donde nace tanto el sectarismo como el falso ecumenismo. 

3. La corrección bíblica es un acto de amor

En nuestra cultura, corregir se ve como algo negativo. Pero bíblicamente, la corrección fraterna es una de las formas más altas de amor (Proverbios 27:5-6).

Eso sí: la forma importa. Corregir con altivez o desprecio no es amor, es orgullo. El objetivo de la corrección no es humillar, sino restaurar (Gálatas 6:1).

Antes de corregir a alguien, pregúntate:

  • ¿Estoy buscando el bien espiritual de esta persona o solo demostrar que tengo razón?
  • ¿Estoy orando por esta persona?
  • ¿Estoy dispuesto a caminar junto a ella después de corregirla?

Corregir bíblicamente requiere humildad, paciencia y disposición a cargar el peso del hermano. Es más fácil “tirar la piedra” y marcharse, pero Cristo nos llama a algo mucho más profundo: acompañar en el camino de la santificación. 

4. Las redes sociales: un púlpito que no siempre usamos bien

En los dos artículos anteriores mencionamos las redes sociales, y no puedo cerrar esta serie sin volver a este punto.

Las plataformas digitales son hoy una extensión de nuestra vida cristiana. Lo que escribimos allí, la manera en que respondemos, lo que compartimos, puede edificar o destruir, acercar o alejar a las personas de Cristo.

Defender la verdad en redes sociales no significa ser hiriente o sarcástico. Y mostrar amor no significa callar frente al error. Significa presentar la verdad con mansedumbre y respeto (1 Pedro 3:15), incluso en el ambiente polarizado y agresivo que suelen ser las redes. (El Señor tiene mucho trabajo conmigo)

Antes de publicar algo, preguntémonos:

  • ¿Esto refleja el carácter de Cristo?
  • ¿Esto edifica a quien lo lea?
  • ¿Esto honra a la verdad de Dios?

Si la respuesta es no, mejor no publicarlo.

Conclusión: La medida es Cristo

Al final, ni el sectarismo ni el relativismo doctrinal son el camino. El camino es Cristo, que es la Verdad (Juan 14:6) y es Amor (1 Juan 4:8).

La meta no es “ganar debates” ni “evitar debates”, sino ser conformados a la imagen de Cristo. Y eso significa que nuestra vida debe ser un reflejo de su carácter: firme en la verdad, pero lleno de gracia; claro en la doctrina, pero rico en misericordia.

Si en el primer artículo vimos que no podemos ser sectarios, y en el segundo, que la doctrina sí importa, en este artículo final afirmamos que la verdad y el amor no se oponen, sino que se necesitan. La verdad y el amor nos mantienen fieles a Dios, considerando siempre a nuestro prójimo. 

Que el Señor nos dé la madurez de vivir ambas cosas. Porque cuando la verdad y el amor caminan juntos, el Evangelio brilla con todo su esplendor.

Dios nos ayude.

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