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A pesar de nuestras torpezas

Por Gonzalo Ramírez Lepeley.

10 de diciembre de 2025

Dentro del amplio espectro de tradiciones cristianas, es legítimo que existan diferencias teológicas, litúrgicas y pastorales. La historia de la Iglesia demuestra que el diálogo respetuoso entre comunidades es un recurso invaluable para el discernimiento y la madurez eclesial. Por ello, valoro profundamente las iniciativas que promueven encuentros, conversación seria y educación teológica responsable. Del mismo modo, reconozco a aquellos ministerios y plataformas que orientan y forman con rigor, aportando claridad y edificación al cuerpo de Cristo.

Sin embargo, en contraste con este aporte necesario, ha emergido un fenómeno preocupante en el ecosistema digital cristiano. Me refiero a ciertos influencers o aspirantes a influencers cuya motivación pareciera que gira más en torno a la búsqueda de visibilidad que al servicio teológico o pastoral. Desde estas cuentas se emiten descalificaciones hacia otros creyentes sin ofrecer fundamentos bíblicos, históricos o teológicos, recurriendo incluso a lenguaje vulgar o a calificativos indignos de la comunión cristiana —como llegar a llamar “trans” u “ornitorrinco” a un hermano por mera discrepancia doctrinal. 

Y no. No nos equivoquemos, la herejía es cosa seria y debe ser confrontada. Sin embargo, aquí viene de perillas el consejo de John Frame: «Al criticar a otros teólogos, tradiciones o movimientos, siga la ética bíblica. No diga que alguien es un hereje a menos que tenga un muy buen caso. No ande por ahí lanzando términos como «otro evangelio.» (La gente que enseña otro evangelio está bajo la maldición de Dios.) No destruya la reputación de la gente citándoles mal, citándoles fuera de contexto o tomando sus palabras en el peor sentido posible. Sea gentil y cortés a menos que tenga pruebas irrefutables para ser riguroso”.

A esto se suman páginas de memes que (algunas notables, hay que decirlo) lejos de aportar reflexión, fomentan estereotipos simplistas; Otros alimentando una creciente “farándula evangélica” disfrazada de “sana doctrina”, cuyo contenido responde más a la lógica del espectáculo que al discernimiento espiritual. No menos problemáticas son las recomendaciones políticas partidistas (cristianos por fulano o fulana) y ciertas frases imprudentes de líderes reconocidos que lejos de iluminar, solo contribuyen a la confusión pública.

Ante este escenario, es un alivio recordar que la Iglesia no se sostiene sobre la volatilidad de las redes sociales ni sobre la retórica (o chimuchina) de moda. Es Cristo mismo quien edifica Su Iglesia… a pesar de nuestras torpezas.

Fuente Citada:

John Frame, 30 Consejos para Estudiantes de Teología y Jóvenes Teólogos (2013): 

https://www.contra-mundum.org/index_htm_files/Fra_30_Consejos.pdf

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