
Por Isaac Ibarra
En el escrito anterior hablé sobre la cultura worship que se está instalando dentro de las iglesias, sorpresivamente, este efecto lo podemos ver tanto desde iglesias tradicionales hasta iglesias neopentecostales (donde es el fuerte), pasando por iglesias pentecostales. Básicamente, uno de los objetivos de esta cultura es entregar una sensación de bienestar, confort y algo de estatus. Frecuentemente se ve hipotecada la integridad del mensaje bíblico. Se mezclan filosofías humanistas, se suaviza lo bíblico, para no romper el “ambiente” o la “atmósfera”.
Ahora, frente a ese pensamiento, es lógico que nazcan algunas preguntas, como un amigo me las hizo cuando conversamos este tema. Entonces ¿quiere decir que una iglesia correcta es donde no te sientas cómodo? ¿Cómo lo principal es la palabra, el bienestar no importa? ¿Entre más dura la iglesia es mejor? A esa pregunta, y a otras más, respondo con un contundente NO.
Primero que todo, la iglesia debe ser un lugar totalmente seguro y de confort para todo los que asistan, debe ser uno de los lugares más seguro para quienes están afligidos espiritualmente. Un lugar donde se puedan identificar, donde quieran participar, pertenecer y que se sientan que son parte de algo mucho más importantes que ellos mismo. Pero nuestro problema, es que actuamos como
péndulos, nos cuesta encontrar un centro.
Un extremo que vivimos y vemos hoy es la cultura worship, pero esto es respuesta a una cultura que se vivió previa la cual es el otro extremo, una cultura, principalmente pentecostal, muy rígida y conservadora (a mi entender, mal aplicada).
Es muy conocido, que la estructura pentecostal, por muchos años trato de mantener una estructura militar, haciendo un eco de la frase “la antigüedad constituye grado”, había, y aun queda algunos resabios, de una estructura muy rígida. Por muchos años se resguardó mucho lo ceremonial y la solemnidad, que se enfocaba más en las conductas externas que en las internas: largo del cabello y no uso de maquillaje o, que ni siquiera las mujeres podían meter ruido con los tacos de los zapatos, un énfasis excesivo en la vestimenta a un grado de casi doctrinal. Para las hermanas el uso permanente de la falda y el nulo uso del pantalón, y para los hermanos varones el uso permanente y estricta de la corbata. eso por años fue una estructura muy, pero muy estricta.
Con el tiempo, pasó a ser más importante que la palabra misma. Incluso en algunas iglesias, cuando se predicaba, daba lo mismo en qué pasaje, libro, capítulo, personaje o historia de la escritura se leyera, siempre se llegaba al mismo punto de siempre: la vestimenta, el comportamiento dentro de la iglesia, y respetar la jerarquía. En estos asuntos se enmarcaba el carácter de santidad y santificación del hermano.
El tiempo siguió pasando, y este “mensaje” fue permaneciendo. Las nuevas generaciones fueron apareciendo, y con ellos vinieron los cambios sociales y culturales. Muchos hijos de hermanos tuvieron la oportunidad que sus padres no tuvieron en su momento, tuvieron acceso a estudio superiores, a la universidad. Esto fue provocando que se pusiera en tela de juicio varias prácticas dentro de la misma iglesia. Comenzó un deseo del estudio formal de la Palabra. Creo que estos factores influyeron en que la rigidez que existía en algunas iglesias se quebrara. Y en respuesta vieron esta otra filosofía (worship) la cual no era para nada rígida y que ofrecía una palabra más “fresca” que la anterior. Entonces la rigidez presionó tanto, que le dio el impulso para poder llegar al otro extremo.
Ahora ¿El que te sientas bien, y que la iglesia te sea cómoda está mal? Claramente no, pero que solo ese sea el enfoque principal de la iglesia, es un problema. ¿Tener un respeto por la iglesia y resguardar la solemnidad es malo? Claro que no, pero que eso gobierne la forma de predicación, ese otro problema.
La semana pasada dos hermanos me enviaron el link de dos predicaciones, cada un fiel reflejo de lo que quiero exponer.
Primera predicación:
- La primera era una predicación de una iglesia donde su enfoque primordial es que el individuo se sienta bien, esto se dejó ver de inmediato en las primeras palabras de la persona que le tocaba predicar ella dice: “vamos a pasar a la parte más importante de la reunión…. Nooo, tienen que decir que no es lo más importante. Que acabamos de decir, no es la parte más importante… pero hoy si quiero hablarle algo súper importante” fin de la cita. Esta fue la introducción de la predicadora de turno de una iglesia donde lo primordial es la persona, no la palabra. Es la asistencia y que puedas vivir una experiencia especial, pero no en base de la Palabra sino del lugar. Y sí, esa fue la introducción al mensaje, ni le cuanto como fue la predicación, solo diré que se habló más de “dios madre” que de Dios de la Biblia.
Segunda predicación:
- Esta predicación es de un pastor perteneciente a una iglesia pentecostal, de esas de hueso colorado. El pasaje que leyó fue el pasaje de la higuera estéril. Lo leyó, empezó con algunas frases de arengas pentecostales, luego dice que este es el mensaje que Dios le envió, y en menos de 8 minutos mencionó la importancia de un hombre y mujer de Dios es respetar a sus mayores (no de edad, si no dentro de la iglesia) luego siguió con la vestimenta, que eso es una evidencia de un hombre y mujer de Dios están en santidad. Y luego remató con la importancia, obligatoria, de estar en todos los servicios de la iglesia. La prédica fue de 40 minutos. Pero estos fueron los tópicos de su predicación. Del contexto del pasaje, ni hablar. Solo mencionó el pasaje al principio y al final, diciendo que, si no hacen estas cosas, serian estériles como la higuera.
Debemos encontrar un equilibrio entre ser fieles a la exposición de la palabra, sin apartarnos de ella, y que los hermanos encuentren un lugar de refugio, un oasis en medio de este mundo. Entonces tenemos dos conceptos que debemos entender antes de encontrar un equilibrio: La predicación y La iglesia. Dios mediante, en los próximos escritos tocaremos por separado estos dos puntos.
Que Dios nos ayude.

